Concluí mis estudios en la carrera de ingeniería en Sistemas Computacionales en el año de 1991 en el Instituto Tecnológico de Acapulco y después de salir trabajé en una escuela particular dando clases de computación, era para alumnos de nivel superior, estudiantes de contaduría pública.
Estuve trabajando en ese lugar hasta que me titulé y empecé a buscar en escuelas para impartir clases; conocí a una persona que me invitó a trabajar en Marquelia, Guerrero para integrarme a un CBTis, cuando ya había hecho todos los trámites, me dijeron las autoridades de esa institución que tenía diez horas a la semana, dos horas diarias y opté por regresarme a Acapulco.
Poco después me contrataron en la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la SEGOB, en donde realicé mi trabajo como analista de sistemas y después ocupé la jefatura del departamento; trabajé por tres años y medio, el trabajo se me hizo rutinario, era buena paga, pero estaba todo el tiempo en oficina o de comisión, y llegó el momento de renunciar.
En Enero de 1998, solicitaban a un ingeniero en Sistemas Computacionales para cubrir un interinato de un año en el Centro de Bachillerato Tecnológico y de Servicios No 14 y me contrataron, así que como cualquier docente tradicionalista llegué a dictarles a mis alumnos; recuerdo que llegué muy seria al salón de clases porque pensé que así me respetarían y que así, yo iba a lograr los objetivos de mi plan clase como le llamábamos al documento en que hacíamos la planeación;
Seguí cubriendo algunos interinatos antes que me dieran mi base, sin embargo al reflexionar sobre mi actitud, pensé que no iba a llegar lejos siendo una “maestra autoritaria”, así que opté por buscar algunas estrategias que me orientaran a cómo se impartir una clase.
Me propuse a buscar información sobre cursos de pedagogía y psicología, problemas del aprendizaje, etc., y eso me ayudó a que cambiara mi forma de pensar y a diseñar estrategias para impartir mi clase; además busqué cómo acercarme a mis alumnos para conocer sus problemas para poder ayudarlos a que ellos aprendan y con ello bajar el índice de reprobación.
Se maestra de educación media superior, es orgullo y aún más cuando encuentro a algún alumno y me dice “gracias”, me siento satisfecha al saber que a alguien pude transmitir mis conocimientos; sin embargo siento que me falta mucho por aprender para seguir enseñando a mis alumnos.
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